Cuando las noches en el cine te alegraban la semana

Me encanta ir al cine. Desgraciadamente mi sueldo de becaria da para poco si además pretendo seguir manteniendo mi status con el menú gigante de palomitas y nestea, así que suelo pisar una sala de cine menos de lo que me gustaría. Por eso y porque generalmente las carteleras de los cines principales las copan unos señores bodrios -que en otra cosa no, pero en eso, sí que son realmente grandes- y sus contrincantes más alternativas combinan pequeñas joyas con películas con insufribles aspiraciones cultas incompatibles con los horarios de bus nocturno.

Pero un buen día del espectador resulta que te levantas y decides que esa semana toca ver The Artist y, por qué no, también Arrugas, porque encima tienes descuento de estudiante. Y te acabas dando cuenta de que estás ante una obra maestra primero, y ante una película desgarradora y fabulosa después.

No voy a hablar de The Artist. Es sin duda la mejor, y de lejos, película del año. Es volver a creer en que el cine es algo grande, grandísimo, inmenso. Pero como todo esto ya se ha dicho muchos, prefiero tirar hacia nuestro producto interior.

Arrugas‘ es un film de animación en 2D basado en el aclamadísimo cómic homónimo de Paco Roca, y que hasta el último momento estuvo en las quinielas de los Oscar como mejor película de animación. Se trata de un largometraje sobre el drama del alzheimer que tiene precisamente en la emotividad -que no sentimentalmismo- de una historia bien contada su mayor baza, y supone en último término una dura crítica al desarme emocional con el que a menudo trata la sociedad a los más ancianos.

La trama transcurre a través de los pasillos casi fantasmagóricos de un geriátrico que se ha convertido en el punto final de unos personajes que, sin quererlo, se niegan a despedirse así de todo lo que han sido y de todo lo que han vivido. Habla de nostalgia, de soledad, del tiempo, de incertidumbre, de olvido, de frustración, de miedo. Habla del principio y habla del final de una vida. Y aunque en ciertos momentos adquiere tintes divertidos, la película es eminentemente triste. Una tristeza edulcorada quizás, porque incorpora momentos entrañables tan maravillosos que por un instante consiguen hacernos olvidar la verdadera realidad que nos están narrando.

En todo caso, ya solamente parar poder disfrutar la extraordinaria escena del campanario, uno de las momentos románticos más bonitos que he visto en muchísimo tiempo, vale la pena ir a verla.

Sólo podría mencionar un pequeñísimo ‘pero’, y es la estigmatización de uno de los protagonistas, argentino, y su amor por el engaño y el dinero. Eso sí, un hecho que sorprende tan sólo al principio, puesto que a medida que pasan los minutos y se redondean los personajes, se convierte en un asunto más que banal.

Llegados a este punto, el miedo me invade, puesto que no me atrevo a volver al cine porque temo bajar de esta nube ante otra película mediocre. Pero qué se le va a hacer, habrá que intentarlo, tarde o temprano podría cruzarme de nuevo con otra maravilla del séptimo arte.

Fuente: http://www.blogcultural.com/2012/01/31/arrugas-the-artist/

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